domingo, 30 de junio de 2013

Bárcenas y la siesta

 
"La siesta" o "Meridiana" de Vincent van Gogh, Museo d´Orsay

Fue en la hora de mi siesta. Sí, esa que Angela Merkel nos quiere fastidiar para que los españoles seamos más rentables. Pero yo, lo juro por lo más sagrado, lucharé hasta la última gota de mi sangre por defenderla. No es vagancia, sino amor patrio. ¿Qué sería de los españoles sin la siesta? Se perdería una cuarta parte de nuestras señas de identidad: toros -que también estamos en ello-, paella, fútbol y, como no, la imprescindible, la genuina, la revitalizante siesta.

Estaba yo, como digo, en los más bajos fondos de mi siesta, practicada en sofá paralelo a mi televisor de plasma -no sólo Rajoy lo va a tener-, cuando un zapeo alternativo de mi compañera entre la Sexta la Cinco y la Cuatro, hizo penetrar en mis oídos, como suaves y dulces aldabonazos,  las palabras de los locutores con una cantinela tal que así: "el juez Ruz está interrogando en estos momentos a Luis Bárcenas y es muy posible que decrete su ingreso en prisión...." Abrí un ojo para ver si la noticia salía del televisor o se trataba de un frugal y engañoso sueño motivado por ya casi prohibida e ilegal siesta, como castigo por haber infringido los deseos de la Merkel y de Bruselas, de acabar con nuestra particular adoración a Morfeo. Y sí, efectivamente la noticia era real.  

Por fin a Luis el Cabrón le había tocado el turno. Había un mayor porcentaje de españoles -entre los que me encuentro- que querían que Bárcenas diera con sus huesos en la cárcel, que de zaragocistas que quieren ver a  Agapito -entre los que también me encuentro- emigrando del Real Zaragoza y, si no es mucho pedir, de la capital del Ebro, y ya, de paso, de Aragón, de España y de la mismísima Vía Láctea. Me levanté como un muelle al que descomprimían de golpe y sin quitar los ojos del televisor, y adopté una postura más europea, más merkeliana diríamos. Mi compañera, conmovida por mi inusitada agilidad, me dijo: "lo que no consiga Bárcenas para que dejes la siesta, no lo consigue ni la Unión Europea, el Banco Central Europeo, el FMI y el G8 juntos".

Y tenía razón, el encarcelamiento de Bárcenas ha servido, por el momento, para amortiguar el cabreo generalizado que el país acumulaba a espuertas, motivado por tanto mamoneo millonario y golferil de una buena parte de la casta política y aledaños. Bárcenas es sólo un nombre, pero un nombre que ha tenido mucho poder e influencia y, sobre todo  información, del que se espera vaya desvelando los entresijos de la compleja trama delictiva político-empresarial, y la relación con el partido que nos gobierna con mayoría absoluta, arrancándonos la piel a tiras de sacrificios, recortes y privatizaciones. El mismísimo Pedro J. Ramírez llegó a decir una frase que lo resume muy bien: "no es que Bárcenas sea un eslabón de la Gürtel, sino que más bien parece que la Gürtel es una consecuencia de Bárcenas". Casi nada.

Ansiosos estamos pues de ver si canta o no canta por bulerías Luis alias "el Cabrón", y el juez Ruz consigue hilvanar "la cosa", que según se supone tiene como epicentro las grandes obras faraónicas, muchas de ellas inútiles, insustanciales, absurdas y desiertas de cualquier indicio de vida humana, que sólo tenían como objetivo un desmesurado e inflado gasto público de muchos miles de millones de euros, para que a los de la Gürtel, la central y la periférica, les quedara una suculenta mordida o porcentaje, para mayor gloria individual, colectiva y partidista.

Bárcenas puede dar mucho de sí. Todo depende del nivel de soledad y abandono en el que él se encuentre y se sienta en relación a los congéneres que han quedado fuera de Soto del Real. Todo depende del nivel de "vendetta" con el que quiera y pueda despacharse.

En cualquier caso, creo,  nos espera un verano con "siestas interruptus".

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