lunes, 16 de septiembre de 2013

El timo de las pensiones. Habla Antón Losada


 
Mientras media España se solazaba haciendo chistes sobre la relaxing cup of café con leche por la que hemos pagado millones al típico gurújeta de la comunicación, el Gobierno ha aprobado discretamente, como le gusta, su anteproyecto para la enésima reforma de las pensiones. Mientras Artur Mas y Mariano Rajoy nos hacían el teatrillo de las ofensas y las cartitas como si España fuera un capítulo de La Regenta, sin apenas ruido y sin que nos lo contaran mucho, el ejecutivo ha metido el turbo para acabar con el sistema público de pensiones.
No le llamen reforma, llámenle timo. Es el timo de la estampita. Nosotros entregamos cotizaciones y dinero de verdad y ellos nos devuelven estampitas haciéndose los tontos. Todo cuanto nos han contado todos los gobiernos hasta ahora sobre las pensiones o era solo media verdad, o estaba manipulado, o era mentira. Una detrás de otra.
Nuestro gasto en pensiones no se ha disparado. Continúa por debajo del 11% del PIB. Ahí sigue desde los años noventa, tres puntos por debajo de la media de la UE-15. En las peores previsiones del Gobierno, el gasto llegará al 14% del PIB en 2050. Un porcentaje inferior a lo que dedican a pensiones hoy en Italia o Francia y similar al gasto actual alemán. Las catastróficas proyecciones demográficas eran mentira y son mentira. Para que se cumplan las previsiones que amparan la reforma, la población española deberá reducirse en las próximas décadas hasta caer por debajo de los 41 millones. Solo así se cumplirá la profecía de que los pensionistas lleguen a sumar un tercio de la población total.
Más mentiras. Dice el Gobierno que no ha atendido las recomendaciones de aquel chiripitifláutico Comité de Expertos, creado para convertir en política pública los objetivos del sector asegurador y la banca. Falso. Las atiende al pie de la letra en lo esencial. La reforma entrará en vigor antes de lo previsto, en 2019, y se han introducido no uno, sino dos factores de corrección al desvincular las pensiones del IPC y ponderarlas con un factor de sostenibilidad donde quien viva más, cobrará menos.
Cuando este Gobierno tomó posesión, la hucha de las pensiones guardaba 80.000 millones de euros. Hoy conserva menos de sesenta mil millones y el demoledor impacto de la reforma laboral ha acelerado el déficit de la Seguridad Social. Un pensionista de hoy no sabe cuánto cobrará pasado mañana, ni cuánto habrá de pagar. Un pensionista de mañana, tampoco, ni siquiera sabe si cobrará.
Se lo pueden decir más alto pero no más claro. Ábrase un plan de pensiones privado porque vamos a destrozar y liquidar el sistema público. Estamos hablando de un negocio de 15 mil millones de euros anuales. Usted y yo le llamamos pensiones, pero el Gobierno, la banca y los seguros le llaman capital.
 
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